[OPINIÓN] Fiesta e incertidumbre en la JMJ de Madrid

Luis Fernando Pacheco Gutiérrez  *   | 08/09/2011 - 21:35 |  | Enviar por e-mail |
Jóvenes celebrando la JMJ - Imagen: Observanto
Fiesta en medio de la incertidumbre. Quizá es la frase más adecuada para resumir lo que vivió Madrid hace dos semanas como epicentro de la Jornada Mundial de la Juventud, uno de los eventos más impresionantes del fervor católico desde su fundación en 1986 por Juan Pablo II.

En medio de los aciagos días que vive el Reino de España, quizá los más inciertos desde el retorno de la democracia en 1978, dos millones de jóvenes colmaron Madrid desde los cuatro puntos cardinales, con cánticos, alegría, un derroche de color, recibieron la visita del Romano Pontífice Benedicto XVI. La Jornada bate récords y sin embargo, la visita estuvo precedida de no pocas polémicas.

La principal apuntaba a los excesivos costos que generaba la logística –la cual no se puede negar, superó las expectativas y mostró un país organizado para eventos de tal magnitud-; para nadie es un secreto la grave crisis que atraviesa el pueblo español, el desempleo que supera el 20%, la fragilidad ante la tantas veces anunciada recesión se suman a los antiguos problemas de integración territorial y al quehacer terrorista de la banda ETA. Esto, en el marco del denominado “Movimiento de Indignados” que copó la Plaza del Sol como símbolo de sus exigencias de cambio, era un preludio amargo para el multitudinario evento.

Contrasta entonces el ruido excesivo de unos cientos con los mismos reclamos que se suelen acuñar cuando está de por medio la Iglesia Católica –varios de esos cientos bajo el estandarte de “los Indignados”- con los dos millones que engalanaron Madrid para recibir al máximo representante del catolicismo.

Lo cierto, es que pasado el ruido del evento, parece que la discusión se invirtió: el Ayuntamiento de Madrid celebró el comportamiento de las Jornadas, sin desastres que lamentar pese a la ola inusitada de turistas, al tiempo que Arturo Fernández, Presidente de la Cámara de Comercio de Madrid, estimaba en 160 millones de euros las ganancias para el Comercio madrileño que dejaba la ola inusitada de jóvenes católicos. Para rematar el Diario ABC y otras organizaciones (muy católicas la mayoría, muy poco las restantes) propusieron a la JMJ como candidata al Premio Príncipe de Asturias a la Concordia. Finalmente, los altercados entre opositores a la visita del líder católico y asistentes a la Jornada fueron mínimas, y ni los cyber-ataques al Movimiento desdibujaron el ambiente de folclor de esa semana. Hasta el mismo Premio Nobel, Mario Vargas Llosa –no precisamente un ferviente católico- destacó la sorpresa de los multitudinarios actos que ésta vez no pueden endilgarse al carisma del Pontífice, aspecto en el que son diametralmente opuestas las personalidades del polaco y el actual Papa Bávaro.


Balance: la religión y el diálogo cultural

Ningún cambio puede darse sino parte de la tolerancia y el respeto a las ideas del otro, aunque estas ideas puedan estar asociadas (erróneamente o no) con lo que deseamos cambiar.

El 11 de septiembre de 2001 el mundo cambió en múltiples aspectos, la Agenda Política se trastocó, la fuerza de otros actores en el panorama mundial creció, pero curiosamente los Estados no se desdibujaron sino que arraigaron su fuerza y su accionar militar mientras el fenómeno del terrorismo securitizó el planeta. Sin embargo, no podemos olvidar otra de sus más profundas enseñanzas (haciendo eco de las ideas de la internacionalista Ángela Iranzo): el factor religioso como profundo fenómeno de diálogo cultural, aunque parezca increíble, la globalización aunque borró matices culturales no desdibujó el de la religión, permaneciendo como un factor no menos relevante en el mundo del Siglo XXI.

Parafraseando a Vargas Llosa, la cultura no logró suplir el papel de la religión más que en una breve minoría, la otra gran parte –católicos, judíos, protestantes, musulmanes, budistas e incluso agnósticos- no pueden entenderse fuera de ese contexto.

En palabras acertadísimas de Iranzo “El 11-S nos ha obligado a políticos, académicos, periodistas y ciudadanos de a pie a pensar sobre el impacto de las religiones en la política mundial y a cuestionar así el presupuesto, generalmente asumido, de que la religión había dejado de ser un factor relevante en las relaciones internacionales desde el fin de la Guerra de los Treinta Años y la firma de la Paz de Westfalia (1648) en Europa.” Si insistimos en olvidar esto, en aislar al hombre de su relación con su Dios, movimientos de sin igual importancia como los Indignados de la Plaza del Sol, terminarán fugazmente ahogados en sus propias internas ideológicas y el cambio en lo fundamental se verá cada vez más lejano.

En medio de la diatriba el mensaje de Benedicto XVI no erra en el diagnóstico, atraviesa a una Europa condenada a repetir errores que una vez criticó, enfrascada en un relativismo y sumida en una crisis traducida en desesperanza. ¿La solución? En gran medida está en esas nuevas generaciones: las que abarrotaron Plaza del Sol y las que rechazaron la visita del Papa, y las que llenaron la Base Aérea de Cuatro vientos y la Plaza Cibeles para cantarle vivas a un anciano de 85 años.

* Es colombiano de nacimiento. Abogado, Egresado del Curso Superior de Defensa Nacional de la Escuela de Defensa Nacional y Candidato a Magister en Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de La Plata. Director del Observatorio de Colombia del Centro Argentino de Estudios Internacionales CAEI y Coordinador de Relaciones Institucionales de Observanto. Ha sido Docente, Investigador y Administrativo Universitario.